Amigo lector,

Amigo lector,

Bienvenido a este blog dedicado a la Astronomía y a la Astrofotografía, dos de mis grandes pasiones. Aquí podrás encontrar las noticias más recientes relacionadas con la Astronomía , así como mis últimos trabajos en fotografía astronómica. Quiero dedicar esta bitácora a la memoria de Carl Sagan, gran científico y excelente divulgador. Gracias a él varias generaciones de lectores y telespectadores se interesaron por la Astronomía en todo el mundo, hizo asequible a todos los públicos los conocimientos de la época sobre el cosmos y transmitió su pasión por la ciencia y el respeto al método científico.

______________________________________________________________________________________________________Jesús Canive

jueves, 26 de abril de 2012

La edad del Universo

Steve Nerlich 

Es sabido que el universo tiene una edad de 13.700 millones de años. Esta cifra se ha obtenido a partir de los datos recogidos desde el año 2001 por la sonda WMAP (Wilkinson Microwave Anisotropy Probe) situada en el punto Lagrange 2.

Mapa del fondo cósmico de microondas obtenido por la sonda WMAP

Si revisamos la literatura que apoya la cifra de 13.700 millones de años, surge la siguiente afirmación. El cálculo de la edad del universo sólo es preciso, si los supuestos del modelo utilizado para calcularlo son también precisos.  Esto no es una salvedad insignificante todo este asunto. 

No me malinterpreten, 13.700 millones de años es, probablemente una cifra más o menos precisa, pero parece más que probable, que en los próximos cinco o diez años, a medida que lleguen nuevos datos del telescopio Planck, o quizás del Hubble o incluso nuevos análisis de los datos del ya retirado WMAP, pueda surgir algo nuevo que obligue a un reajuste del modelo general.

Dejando WMAP de lado por un momento, un cálculo aproximado de la edad del universo puede estar limitado por el hecho de estimar la edad de viejas estrellas.  Con este propósito, normalmente se observan cúmulos globulares en la Vía Láctea, en lo que se hallan probablemente las estrellas más antiguas de la galaxia. Se cree que todas las estrellas que forman parte del mismo cúmulo se formaron al mismo tiempo por lo que hay disponible una buena colección de fuentes de datos sobre de la luminosidad y la espectroscopia de esas estrellas. Resulta que los cúmulos más antiguos en la Vía Láctea, como M92, están compuestos de estrellas pequeñas y por lo tanto con una larga vida, con una masa de 0,7 masas solares cada una de ellas y en una etapa evolutiva que las sitúa con una edad entre 10.000 y 20.000 millones de años.

Cúmulo globular M92.

Se trata, sin embargo, de una estimación bastante aproximada con un amplio margen de error. Si estrechamos el cálculo podemos limitar esta estimación a valores entre 12.000 y 16.000 millones de años.  Por lo que 13.700 encaja perfectamente entre estos valores. Sin embargo lo que realmente queremos de las estimaciones de la edad de las estrellas es conseguir un límite inferior para la edad del universo, puesto que no puede ser más joven que las estrellas que contiene. Así, con esta lógica, el universo no puede ser menor de 10.000,  quizás 12.000 millones de años.

El valor de los datos de cúmulo globular se obtiene de objetos bastante próximos de la Vía Láctea y los cálculos subyacentes se basan en el diagrama de evolución estelar de Herzsprung-Russell, rico en datos y bastante fiable. Existen un montón de estrellas viejas en otros lugares en el universo, así como quásares y otros objetos antiguos, que están muy distantes, y que tienen potencialmente una edad mayor, precisamente por esa razón.

La erupción de rayos gamma GRB 090429B observada en abril de 2009, mantiene hasta la fecha el record del objeto observado más antiguo y lejano. Puede haber sido una supernova.  Fuera lo que fuese, se estima que ocurrió hace más de 13.000 millones de años.  Sin embargo cada vez que tratamos de calcular la edad de algo muy lejano, entran en juego un conjunto de supuestos sobre la densidad del universo, su curvatura o su ritmo de expansión que son los mismos supuestos que complican la estimación del WMAP.

La sonda WMAP creó un mapa del fondo cósmico de microondas (FCM) de todo el cielo con una resolución de 13 minutos de arco. A partir de ahí, es en gran medida una cuestión de utilizar el desplazamiento al rojo como una medida de distancia, ya que cuanto más ha viajado la luz, más viejo es el punto del que procede. El punto de origen del fondo cósmico de microondas se denomina superficie de la última dispersión.

Todo lo que podemos ver es posterior a la última dispersión.

Cuando el universo tenía alrededor de 380.000 años, se formaron los primeros átomos a partir del plasma, y de repente el universo se hizo transparente a la radiación, por lo que la luz podía atravesar largas distancias. Hasta entonces los fotones eran continuamente emitidos para luego ser reabsorbidos, de ahí su dispersión por el plasma. Esos primeros rayos de luz, el FCM, fueron emitidos pero no inmediatamente reabsorbidos. Por lo tanto, fuera lo que fuera lo último en emitirlos, presumiblemente un conjunto muy caliente de iones y electrones, supuso la superficie de la última dispersión.

En un universo en expansión, nos estamos alejando de esa superficie, de igual forma que nos alejamos de las galaxias distantes. Pero al ser un flash de luz sin precedentes y nunca repetido que fue emitido por todo el universo, el FCM sigue impregnando todo el universo, a diferencia del flash de luz emitido desde un único punto de origen, como una supernova. Así que a pesar de que realmente fue emitido desde una superficie y en un momento determinado en el tiempo, nunca se va a mover hacia adelante adelantándonos como un frente de onda, porque el mismo universo entero que una vez lo emitió, es el mismo universo en el que ahora vivimos.

De todos modos, conocemos bastante bien la temperatura de la última dispersión,  ya que podemos replicar los procesos de recombinación del plasma en un laboratorio. De este modo, el cambio de la temperatura inicial de 3000º K a la temperatura actual de 2,7º K del FCM, es el resultado de corrimiento al rojo, que nos da la distancia y por lo tanto el tiempo transcurrido desde que ocurrió la última dispersión.

El calendario de todos los acontecimientos que precedieron a la última dispersión se deriva en gran medida de experimentos del Acelerador de Partículas y de cálculos de la física cuántica que determinan las temperaturas y las densidades y, por tanto, todos los pasos y el marco de referencia temporal en el que el universo se hizo lo suficientemente grande y frío para liberar el FCM.

Por tanto, seguir adelante partiendo del FCM, es prácticamente seguir las ecuaciones de campo de Einstein. La sonda WMAP no sólo proporciona datos de temperatura, sino también datos acerca de la forma del universo ya que asigna un FCM a todo el firmamento. Por lo tanto, si alguna zona estuviera más caliente y, por tanto, más cerca que otra, sugeriría que el universo es curvo bien hacia afuera o bien hacia adentro. Pero no es así, por eso decimos que el universo es espacialmente plano. Y esto es clave para poder calcular una estimación de su edad, ya que un universo curvado hacia adentro o cerrado habría comenzado más recientemente, y un universo curvado hacia fuera o abierto habría comenzado hace más tiempo que nuestro aparentemente universo plano.

Así que, en resumen, sólo hay que medir la temperatura actual del fondo cósmico de microondas (FCM) ya que se puede ver cuánto se ha desplazado al rojo, o cuánto ha sido estirado por la expansión del universo. A continuación, sólo hay que utilizar las ecuaciones de campo de Einstein para calcular cómo  se ha expandido el universo para producir ese desplazamiento al rojo, porque una vez que podemos cuantificar la expansión, sabemos durante cuánto tiempo se ha producido la expansión. A continuación, bastará con agregar los 380.000 desde el Big Bang hasta la liberación del FCM y voilà obtendremos 13.700 millones de años, la edad del universo.

Pero una vez más, para obtener una estimación de la edad partiendo de una tasa de expansión, se necesita tener en cuenta los cambios en la densidad de energía y la curvatura de espacio-tiempo a lo largo de la evolución del universo y las cifras que tenemos al respecto se basan en asumir la homogeneidad del universo, la energía oscura y la, igualmente misteriosa,  inflación cósmica temprana, necesaria a su vez para explicar por qué el universo es homogéneo.

El hecho de que las diversas hipótesis actuales se apoyen mutuamente en favor de un determinado modelo cosmológico podría definirse como un caso de sesgo de selección, especialmente cuando ese modelo incluye cosas tan extrañas como la energía oscura.  Por tanto, 13.700 millones de años es tan solo una cifra aproximada.


Traducción de la transcripción del Podcast en 365 Days or Astronomy

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martes, 17 de abril de 2012

1000 días de maravillas en infrarojo

Con motivo de la celebración de los primeros 1000 días de funcionamiento de la cámara de infrarojos IRAC instalada en el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA, el programa ha publicado una galería con las 10 mejores imágenes en infrarojo obtenidas por IRAC. Este instrumento está proporcioando increibles imágenes que en muchos casos muestran estructuras y aspectos completamente nuevos de objetos muy conocidos. La banda de infrarojos detecta especialmente las zonas más calientes, donde se sitúa la mayor actividad en formación de nuevas estrellas.


La así llamada Nebulosa del Tornado es un objeto poco conocido, por lo que las imágenes obtenidas por este instrumento son especialmete valiosas. Se cree que este objeto es el resultado  de un chorro de material procedente de una estrella joven que genera ondas de choque en el polvo y gas que lo rodean. El color verde muestra hidrógeno molecular presionado por la onda de choque. Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech  / J. Bally (Universidad de Colorado).


La famosa Nebulosa de Orión se encuentra a 1340 años luz de la Tierra y es una zona muy activa en la creación de nuevas estrellas. A pesar de tratarse de un objeto muy conocido y fotografiado, las imágenes aportadas por IRAC aportan nueva información respecto a las zonas de formación estelar. Aunque la visión óptica de esta región está dominada principalmente por la luz de cuatro estrellas  masivas muy jóvenes, las imágenes de IRAC revelan otras muchas estrellas jóvenes rodeadas de su envultura de polvo y gas. Igualmente pueden apreciarse largos filamentos en los que se detecta una alta actividad en la creación de nuevas estrellas. En estos filamentos se pueden apreciar miles de protoestrellas. Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech / (Universidad de Toledo).





Tras una larga vida quemando su hidrógeno mediante fusión nuclear, las estrellas llegan a los últimos estadios de su vida que van a estar determinados por su masa.  En esta imagen apenas se aprecia la propia estrella en el centro, sin embargo  se muestra forma en la que las viejas estrellas proyectan su material a través del espacio que las rodea, creando lo que se conoce como una nebulosa planetaria. La Nebulosa de la Hélice se encuentra a 650 años luz de la Tierra en la constelación de Acuario. Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech / J. Hora (CfA) & W. Latter (NASA/Herschel).

El universo primitivo contenía únicamente hidrógeno y helio, no existía ningún otro elemento químico. El resto de los elementos químicos, incluidos los necesarios para la vida se crearon más tarde en los hornos nucleares de las estrellas y postriormente fueron expulsados al espacio al morir la estrella. IRAC estudia cómo maduran las estrellas.  La nebulosa Trífida está formada por estrellas en todas las etapas de la vida, rodeadas de gas y polvo. Se encuentra a 5.400 años luz de la Tierra en la constelación de Sagitario. Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech
Dentro de las galaxias, las enormes nubes de gas y polvo se funden bajo la presión de la gravedad hasta que nacen nuevas estrellas.  En esta nube gigante pueden verse varias guarderías estelares, algunas todavía dentro de las puntas de las polvorientas montañas de creación. Esta imagen muestra el borde oriental de una región conocida como W5, cerca de la constelación de Perseo a 7.000 años luz de distancia. Crédito Cúmulo de estrella DR22

Después de lazar lejos el material del que se formó, el joven cúmulo estelar que podemos ver en esta imágen emite vientos y fuertes radiaciones de luz ultravioleta que esculpen la nube de gas dándole formas fantásticas. Los astrónomos no están seguros de cuándo esa fuerte actividad del viento y la radiación suprimen la futura formación de estrellas, y cuándo la facilita a través de la compresión. El clúster, conocido como DR22, está en la Constelación del Cisne. Crédito de la imagen: NASA JPL-Caltech.

IRAC ha fotografiado sistemáticamente el disco completo de la Vía Láctea, después se ha compuesto una fotografía en infrarojo que contiene miles de millones de píxeles en un plano relativamente estrecho. Esta imagen muestra cinco tiras de extremo a extremo que abarcan el centro de nuestra galaxia. Esta imagen cubre únicamente un tercio del plano galáctico. Crédito de la imagen: NASA JPL-Caltech E. Churchwell (Universidad de Wisconsin).

Las colisiones galácticas desempeñan un papel importante en la evolución de las galaxias. Estas dos galaxias, la Galaxia del Remolino (M51) y su compañera, están relativamente cercanas a una distancia de sólo 23 millones de años luz de la Tierra. La cámara IRAC ve la galaxia principal muy roja debido al polvo caliente, un signo de formación estelar activa que probablemente fue provocado por la colisión de su cercana compañera.  En ocasiones se produce el efecto contrario y el choque galáctico provoca que el material del que se forman las estrellas se disperse por el espacio, impidiendo así su formación. Crédito e la imagen: NASA JPL-Caltech r. Kennicutt (Unividad de Arizona).

La formación de estrellas ayuda a conformar la estructura de las galaxias a través de ondas de choque, vientos estelares y radiación ultravioleta. En esta imagen de la Galaxia del Sombrero, se aprecia un disco de polvo caliente (rojo) causado por la formación de estrellas alrededor de la protuberancia central (azul) más fría. La Galaxia del Sombrero está situada a 28 millones de años, luz en la constelación de Virgo. Crédito de la imagen: NASA JPL-Caltech r. Kennicutt (Univ. de Arizona).

Los numerosos puntos de luz que se aprecian en esta imagen no son estrellas sino galaxias completas. Algunas de ellas, como la galaxia con la forma de un pequeño renacuajo que se puede apreciar en la zona superior derecha, se encuentran a sólo unos cientos de millones de años luz de distancia por lo que pueden percibirse sus formas. Las más lejanas, sin embargo, solo se aprecian como puntos de luz. Su luz la vemos tal como era hace más de diez mil millones de años, cuando el universo era aun muy joven.  Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech / SWIRE Team.


domingo, 15 de abril de 2012

Las Auroras de Urano vistas desde la Tierra


Por primera vez se han obtenido imágenes de auroras en Urano que suponen una prueba más de lo peculiar que es este lejano planeta. Este fenómeno ha podido ser detectado realizando observaciones cuidadosamente planificadas utilizando el telescopio espacial Hubble.

Auroras sobre Urano. Crédito de la imagen: Laurent Lamy
 
Las auroras son un fenómeno que se produce en la magnetosfera, que es  la zona que rodea a un planeta y que está controlada por su campo magnético y modelada por el viento solar, un flujo continuo de partículas cargadas procedentes del Sol.  Las auroras se producen en la atmósfera cuando las partículas de viento solar son aceleradas por la magnetosfera y guiadas por el campo magnético cerca de los polos.

Estas imágenes son especialmente valiosas ya que apenas se tienen datos sobre la magnetosfera de Urano.  Las auroras en Urano son más débiles que en la Tierra y el planeta se encuentra a más de 4.000 millones de kilómetros. Nunca se habian obtenido buenos resultados en observaciones realizadas desde la Tierra. La última vez que se obtuvo una imagen de aurora sobre Urano fue hace 25 años cuando la nave espacial Voyager 2 pasó cerca del planeta.

Los científicos planetarios saben que Urano es un planeta especial dentro del sistema solar en cuando a la orientación de su eje de rotación. Mientras que los otros planetas se comportan como peonzas que giran y orbitan alrededor del Sol, Urano se comporta coma una peonza que se ha caído de lado pero aún sigue girando.

Los investigadores sospechan que el aspecto desconocido de las auroras observadas es debido a la rareza de su rotación y a los rasgos peculiares de su eje magnético. El eje magnético está desplazado y forma un ángulo de 60 grados con respecto al eje de rotación. Una inclinación extrema en comparación con los 11 grados que tiene el de la Tierra. Los científicos creen que el campo de magnético de Urano podría estar generado por un océano salado en el interior del planeta, que sería la cause de la excentricidad del eje magnético.

Las auroras observadas difieren no sólo respecto a las auroras de la Tierra, sino que también difieren de las observadas en el propio Urano por la nave Voyager 2. Cuando la nave hizo su sobrevuelo hace décadas, Urano estaba cerca de su solsticio. Su eje de rotación apuntaba hacia el Sol. En esa configuración, el eje magnético se queda en un gran ángulo respecto al flujo del viento solar, produciendo una magnetosfera similar a la magnetosfera terrestre, aunque más dinámica. En esas condiciones de solsticio de 1986, las auroras duraron más que las recientemente observadas  y principalmente fueron vistas en el lado nocturno del planeta. Sin embargo el Hubble no puede ver la cara oculta del planeta,  por lo que los investigadores no saben qué tipos de auroras, si las hubiere, se generaron allí.

El nuevo conjunto de observaciones, sin embargo, corresponden a cuando el planeta estaba cerca de equinoccio, cuando ninguno de los dos extremos del eje de rotación apuntan hacia el Sol, y  el eje se alinea casi perpendicular a la corriente de viento solar. Debido a la inclinación del eje magnético del planeta, la rotación diaria de Urano durante el período del equinoccio causa que cada uno de sus polos apunte hacia el Sol una vez al día lo que hace que el tipo de auroras sean probablemente muy distintas de las observadas durante el solsticio. 


Para saber más:  American Geophysical Union

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lunes, 26 de marzo de 2012

Cuestionada la teoría sobre la formación de la Luna

Un análisis químico de las rocas lunares cuestiona la teoría principal sobre la formación de la Luna según la cual el satélite nació cuando un cuerpo del tamaño de Marte chocó con la Tierra hace unos 4.500 millones de años.
Si ese fuera el caso, la Luna debería tener la firma química tanto de la Tierra como del supuesto objeto del impacto. Pero un estudio publicado en Nature Geoscience sugiere que la composición isotópica de la Luna refleja la única aportación de la Tierra.

Foto: APOD/NASA

Un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago ha utilizado un espectrómetro de masas para hacer la medición más precisa hasta ahora de la abundancia relativa de titanio-50 y titanio-47 en las rocas de la Luna recogidas por las misiones Apolo en los años 70. Los autores informan que la proporción de los dos isótopos  en la Luna es idéntica a la que se encuentra en el manto de la Tierra.
Esto supone un enigma para el modelo de formación lunar, porque cualquier cuerpo del tamaño de Marte que pudiera haber chocado contra la Tierra se supone que hubiera tenido una composición química distinta. Los estudios de meteoritos muestran una abundancia isotópica de titanio que se desvía del valor terrestre en 600 partes por millón. Dado que las simulaciones del violento choque sugieren que el segundo cuerpo contribuyó en más de un 40% a la masa de la Luna, la relación isotópica lunar no debería ser tan próxima a la de la Tierra.
Estos hallazgos no suponen el primer desafío que ha sufrido la teoría más aceptada sobre la formación de nuestro satélite. Los investigadores han sabido durante mucho tiempo que la relación isotópica del oxígeno en las rocas de la Luna tiene la misma firma que el manto de la Tierra. Pero dado que el oxígeno se pudo evaporar fácilmente en la colisión, se podría haber producido un intercambio entre la Tierra y la nube de vapor y magma producida por el impacto, permitiendo que ambos cuerpos alcanzaran la misma cantidad isotópica. El titanio por el contrario, no se volatiliza tan fácilmente y habría sido más difícil, aunque no imposible, que ambos cuerpos hubieran llegado a la misma proporción.
Otros modelos dignos de ser tenidos en cuenta, incluyen el modelo de fisión, conforme al cual la Luna se habría desprendido del manto de la Tierra, cuando la fuerza centrífuga del planeta hubiera  sobrepasado su fuerza gravitacional en las fases iniciales de formación.
El grupo de investigación considera que aunque el modelo de colisión puede necesitar revisión, no debe ser descartado. Se ha modelado una colisión entre la Tierra y un protoplaneta con un tamaño de aproximadamente dos veces la masa de Marte, más pesado que el anteriormente considerado. Un segundo cuerpo más masivo habría alterado sustancialmente la composición isotópica original de la Tierra, llevando a la formación de una Luna y una Tierra en evolución que serían más similares que en simulaciones anteriores.

Artículo original


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sábado, 17 de marzo de 2012

Púlsares, un regalo para la física


Los púlsares, estrellas de neutrones superdensas, son quizás los más extraordinarios laboratorios de física en el universo. Las investigaciones sobre estos objetos exóticos y extremos ya han obtenido dos premios Nobel. Un grupo de  investigadores intenta poner a prueba la Relatividad General en condiciones de gravedad extremadamente fuertes y detectar directamente las ondas gravitacionales, utilizando toda la galaxia como un enorme telescopio.

Los púlsares son estrellas de neutrones girando a gran velocidad. Crédito de la imágen: Bill Saxton, NRAO/AUI/NSF

Las estrellas de neutrones son los restos de estrellas masivas que explotaron como supernovas. Concentran más masa que el Sol en una esfera no más grande que una ciudad de tamaño mediano, lo que las convierte en los objetos más densos del universo, a excepción de los agujeros negros, para los que el concepto de densidad es teóricamente irrelevante. Los púlsares son estrellas de neutrones que emiten haces de ondas de radio hacia el exterior desde los polos de sus campos magnéticos. Cuando uno de estos haces alcanza la Tierra, los radio telescopios lo detectan como un pulso de ondas de radio.

Midiendo el tiempo de esos pulsos con precisión, los astrónomos pueden utilizar los púlsares para realizar un experimento único, en los límites de la física moderna. Tres científicos -Ingrid Stairs, de la Universidad de Columbia Británica, Benjamin Stappers de la Universidad de Manchester en el Reino Unido y Scott Ransom del Observatorio Nacional de Radioastronomía- han presentado los resultados de este trabajo, en la reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia en Vancouver, Canadá.

Los púlsares están en la vanguardia de la investigación sobre la gravedad. Albert Einstein publicó su teoría de la Relatividad General en 1916, y su descripción de la naturaleza de la gravedad hasta el momento, ha resistido numerosas pruebas experimentales. Sin embargo, hay teorías que siguen compitiendo. Muchas de estas teorías alternativas son tan buenas como la Relatividad General a la hora de predecir comportamientos dentro de nuestro Sistema Solar. Un área donde difieren, sin embargo, es en el entorno extremadamente denso de una estrella de neutrones. 

En algunas de las teorías alternativas, el comportamiento de la gravedad debe variar en función de la estructura interna de la estrella de neutrones. Midiendo cuidadosamente los tiempos de los pulsos, se puede establecer de forma precisa las propiedades de las estrellas de neutrones. Varios conjuntos de observaciones han demostrado que los movimientos de los púlsares no dependen de su estructura, por lo que la Relatividad General está segura de momento.

Las investigaciones recientes sobre los púlsares en sistemas de estrellas binarias con otras estrellas de neutrones y, en uno de los casos, con otro púlsar, ofrecen aun mejores apoyos para la Relatividad General en condiciones de gravedad extrema. La precisión de estas mediciones se espera mejor en el futuro.

Otra predicción de la Relatividad General es que los movimientos de masas en el universo deberían causar perturbaciones en el espacio-tiempo en forma de ondas gravitacionales. Tales ondas aun no han sido detectadas directamente, pero los estudios de púlsares en sistemas de estrellas binarias han dado pruebas indirectas de su existencia. Ese trabajo ganó el Premio Nobel en 1993.

Los investigadores se disponen a utilizar los púlsares de toda nuestra galaxia, la Vía Láctea, como un gigantesco instrumento científico para detectar directamente las ondas gravitacionales. Los púlsares son unos relojes extremadamente precisos que pueden ser utilizados para detectar las ondas gravitacionales en un rango de frecuencias que ningún otro experimento podría detectar.

Midiendo cuidadosamente los ritmos de los pulsos de los púlsares ampliamente diseminados por toda la galaxia, los astrónomos esperan poder detectar ligeras variaciones causadas por el paso de las ondas gravitacionales. Esta ondas gravitacionales habrían sido causadas por los movimientos de pares de agujeros negros supermasivos  del universo temprano, por cuerdas cósmicas y posiblemente por otros eventos exóticos acaecidos en los primeros segundos después del Big Bang.

Con densidades varias veces mayores que las de los núcleos atómicos, los púlsares son laboratorios de física nuclear únicos. Se desconocen los detalles de la física interna de tales objetos extremadamente densos. Al medir las masas de las estrellas de neutrones, podemos establecer los límites de su física interna. Sólo en los últimos tres o cuatro años, se han encontrado  varias estrellas de neutrones masivas en las que, debido a su enorme masa, se pueden descartar algunas hipótesis de lo que sucede en el centro de estas estrellas de neutrones.

El trabajo de investigación continúa, y es necesario realizar más mediciones.  A medida que se obtengan nuevos datos se podrán ajustar los modelos para adaptarlos a lo que ya se ha encontrado.

Los púlsares fueron descubiertos en 1967 y su descubrimiento obtuvo el Premio Nobel en 1974.




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miércoles, 14 de marzo de 2012

Últimos datos sobre estrellas binarias confiman la Teoría de Gravedad Extendida

Los investigadores Xavier Hernández y Christine Allen, junto con la alumna de doctorado Alejandra Jiménez, del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM, han analizado dos catálogos de estrellas binarias donde la separación entre los dos astros es muy grande (por ello se llaman binarias abiertas), y han hallado que sus velocidades relativas no cumplen con lo establecido por la Ley Clásica de Gravitación de Newton.


Hasta ahora, las inconsistencias entre la predicción de la ley y los fenómenos observados solamente habían sido detectados a escalas galácticas y extragalácticas, en donde se observa, entre otras cosas, que el movimiento de rotación de las galaxias corresponde a una fuerza gravitacional mayor que la producida por la materia visible.

Durante más de 30 años se ha pretendido explicar las inconsistencias mediante la hipótesis de la materia oscura, que no se observa, pero que generaría suficiente fuerza gravitacional para mantener unidos sistemas muy masivos como las galaxias.

Hernández se propuso analizar un caso a escala estelar, en donde la hipótesis de la materia oscura no tiene entrada: el caso de las estrellas binarias abiertas que giran en torno al centro de gravedad del par.

Para su investigación, seleccionó el catálogo SLoWPoKES, hecho con datos del telescopio Sloan, que contienen más de 1.200 pares de binarias abiertas con sus correspondientes velocidades, distancias y separaciones angulares.  Al relacionar las separaciones con las velocidades relativas y encontró una clara discrepancia con la predicción clásica de Newton.

Las estrellas seleccionadas están separadas por distancias superiores a 1.000 unidades astronómicas (UA) —el equivalente a la separación entre el Sol y el cinturón de Kuiper disperso que rodea el Sistema Solar—, e inferiores al millón de UA.

Dos estrellas similares en masa al Sol, separadas siete mil UA o más, ejercen la una hacia la otra una aceleración pequeñísima, inferior a 0.00000000012 m/s2.

Esta aceleración (a0=1.2×10-10 m/s2), llamada de Milgrom, es ya característica de los sistemas “excepcionales” que no cumplen con la Ley Clásica de Gravitación. En estos últimos, así como en los galácticos, las velocidades son mucho menores a la de la luz, por lo que las predicciones newtonianas son indistinguibles de las de la relatividad de Einstein.

No sólo se ha descubierto que el punto en que la predicción clásica y la observación divergen corresponde a la aceleración de Milgrom, sino que las estrellas sujetas a baja aceleración mantienen, a partir de dicho punto, una velocidad orbital constante.

Esto confirma la hipótesis de la teoría de gravedad modificada, según la cual a aceleraciones menores a a0, la fuerza decrece más lentamente con la distancia de lo predicho clásicamente. Permite así explicar las observaciones galácticas y cosmológicas sin necesidad de apelar a la hipotética materia oscura.

El investigador ha publicado ya varios artículos científicos relacionados con estos temas, entre ellos, la propuesta clásica de gravitación extendida. Los resultados de esta nueva investigación se publicaron en la revista European Physical Journal “C”, (EPJC).

Para descartar un error sistemático en su análisis, se buscó otro catálogo independiente, el realizado por el satélite astrométrico Hiparcos, que contiene velocidades y paralajes de más de 2.5 millones de estrellas con un error mucho menor al catálogo SLoWPoKES.

Al analizar estas nuevas binarias, se ha encontrado el mismo comportamiento: la velocidad orbital entre cuerpos sujetos a aceleraciones menores a la de Milgrom se mantiene constante conforme la distancia aumenta.

Estos hallazgos implica también que dos de las leyes de Kepler no son válidas en estos ámbitos: las órbitas ya no son elípticas y el periodo orbital se vuelve proporcional al radio de la órbita.

Así como la precesión del perihelio de Mercurio marcó el límite de validez de la gravitación de Newton a escalas de velocidad en las que ésta deja de ser despreciable con respecto a la de la luz, este descubrimiento señala el límite de validez de la gravitación newtoniana a escalas de aceleración menores a a0.


Artículo original: Cornell University

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lunes, 12 de marzo de 2012

¿Pueden cambiar las constantes de la naturaleza?

Dr. Stuart Clark. Podcast en 365 Days of Astronomy
La ciencia ha disfrutado de éxitos sin precedentes a la hora de describir la naturaleza haciendo uso de las matemáticas. Las ecuaciones son la forma que tenemos de comprender las leyes de la física y de predecir el comportamiento de los sistemas físicos. No parece probable que las leyes físicas cambien pero ¿Podemos decir lo mismo de, las así llamadas, constantes de la naturaleza?


Existen muchas constantes. Son valores que no se derivan de ninguna teoría y que por lo tanto, solo pueden ser determinados realizando mediciones.  Se las utiliza en las leyes de la física como valores de conversión para crear relaciones matemáticas exactas entre cantidades.
Algunas de las constantes se explican por sí mismas, como la velocidad de la luz. Otras son de más difícil comprensión, como la constante de Planck, que gobierna la forma en la que la naturaleza divide la energía en pequeños “paquetes”. A pesar de llamar constantes a estas cantidades, durante los últimos 15 años, ha habido una constante sospecha sobre si podrían cambiar ligeramente con el tiempo, especialmente la velocidad de la luz.
El universo está bañado en microondas. La física tradicional explica la temperatura casi uniforme de este fondo como resultado de un repentino periodo temprano de expansión exponencial en la historia del universo, pero lo que impulsó esta inflación sigue siendo un misterio. En 1993 el físico John Moffat señaló que si la velocidad de la luz hubiera sido mayor en el pasado, los fotones podrían haber viajado mucho más lejos y así podrían haber igualado la temperatura a través de una extensión mucho más amplia del espacio sin necesidad de invocar la inflación.
Ahora, los astrónomos estudian quásares distantes –núcleos de galaxias en formación impulsados por la acumulación de masa en agujeros negros− con la esperanza de atrapar los últimos vestigios de cualquier cambio en la velocidad de la luz. Pero tenemos que ser cuidadosos al sacar conclusiones de la medición de constantes que tienen unidades conectadas a ellas. La velocidad de la luz se mide en unidades de longitud y tiempo. Si se detecta una variación, los investigadores no pueden estar seguros de que sea la velocidad de la luz la que ha variado, o la velocidad a la que se ha movido el reloj o la longitud de la regla de medir. Por lo que se centran en el examen de constantes adimensionales. Supongamos que se mide la relación entre la masa del protón y la masa de un electrón, se cancelan las unidades –kilogramos– y la constante resultante será simplemente un número.
La llamada constante de estructura fina es adimensional. Se obtiene mediante la combinación de la velocidad de la luz con la constante de Planck y la carga de un electrón. Afecta a la estructura externa de cada átomo, que controla la forma en la que reaccionan los electrones de un átomo cuando este es atravesado por rayos de luz. Si la velocidad de la luz cambiara con el paso del tiempo, la constante de estructura fina cambiaría también, como lo haría el patrón característico de líneas producido por átomos.

En 1999, John Webb de la Universidad de Nueva Gales del Sur, dirigió un equipo que observó 128 quásares a más de 10.000 millones de años-luz. Recogieron la luz de los quásares y obtuvieron los  espectros, en busca de las huellas dactilares de los átomos intervinientes. Las líneas espectrales cambiaban de manera coherente con la constante de estructura fina, aumentado ligeramente con el transcurso de la historia cósmica, en alrededor de 1 parte cada 100.000 durante esos 10.000 millones de años.
Numerosos grupos de investigación están tratando de verificar o refutar esta idea porque el descubrimiento del cambio en las constantes tiene enormes consecuencias para nuestra comprensión del universo. Señala hacia una física que supere a Einstein, quizás incluso a la esquiva “teoría del todo".
La mayoría de los físicos creen que la mejor candidata para una teoría del todo es la teoría de cuerdas. Esta teoría matemática compleja reemplaza las partículas por cadenas de ondulaciones en dimensiones superiores a las tres dimensiones con las que estamos familiarizados. De acuerdo con la teoría de cuerdas, sólo si se tienen en cuenta todas las dimensiones superiores, permanecerá realmente constante el valor de las constantes físicas.
En el caso de la gravedad, la masa en kilogramos y la distancia en metros se equipara a una fuerza en newtons G, la constante gravitacional de Newton. Este también es otro objetivo para los físicos en busca de variaciones en las constantes, pero G es difícil de medir con precisión.
En 1987, los físicos creían que G tenía una precisión de 0.013%. Experimentos realizados en 1998 obligaron a bajar esta precisión hasta el 0,15%. El valor de G es extraordinariamente impreciso cuando se compara con la fuerza del electromagnetismo, que se sabe tiene una precisión 2,5 millones de veces mayor. Esta falta de precisión ha conducido a especulaciones sobre si esta constante podría estar cambiando lentamente con el tiempo, y por lo tanto cambiando la fuerza de gravedad. Dicha variación cambiaría gradualmente las órbitas de estrellas y planetas, afectaría al tamaño de los objetos celestes y determinaría el brillo de las estrellas.
Midiendo la distancia a la Luna utilizando un láser desde la Tierra se ha demostrado que el valor de G no puede variar más de una parte por millón al año. Otros físicos buscar cambios temporales en la fuerza de la gravedad provocada por el movimiento de la Tierra alrededor de su órbita.
Esto es debido a que la teoría de la relatividad de Einstein se apoya en el principio central que las leyes de la física son las mismas, en todo tiempo y lugar en el universo e independientemente de la forma en que nos movamos. Cómo transformar lo que un observador puede ver en el punto de vista del otro se conoce como la transformación de Lorentz, pero si cambian las constantes, la transformación de Lorentz ya no funcionaría de forma precisa. Produciendo una “violación de Lorentz”.

La teoría de cuerdas permite que se hayan producido pequeñas “violaciones de  Lorentz” en el Big Bang, creando su impronta sobre el tejido del espacio-tiempo y estas podrían hacer que G muestre un valor diferente en el transcurso de un año a medida que la órbita de la Tierra alrededor del Sol y viaja en diferentes direcciones a través del espacio. La forma obvia para probar esto es dejar caer objetos a lo largo del año y medir la rapidez con la que caen. La comparación de dos medidas separadas seis meses debe producir la mayor diferencia, porque entonces la Tierra está viajando en direcciones opuestas a través del espacio. El mejor lugar para realizar el experimento está en el espacio, porque cuando un objeto está en caída libre, pueden medirse con gran precisión variaciones gravitacionales muy pequeñas. Con este objetivo de seguir esta investigación se están diseñando una serie de misiones.
Los físicos seguirán buscando cambios en las constantes de la naturaleza, tanto los efectos a largo como a corto plazo, ya que creen que la teoría de cuerdas es la manera de unir la gravedad con las otras fuerzas. Midiendo la cantidad de cambio, serán capaces de hallar la versión correcta de la teoría de cuerdas y comprender mejor su imagen de un universo multidimensional.
Se dice que la teoría de la gravedad de Newton se inspiró en ver caer una manzana; con anterioridad Galileo dejó caer objetos desde edificios altos para descubrir que todos los ellos caen a la misma velocidad, independientemente de su composición o masa. Sería, por tanto, totalmente adecuado pensar que nuestro próximo avance en la comprensión del universo podría venir de la medición de la caída de objetos en órbita.


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sábado, 10 de marzo de 2012

El campo magnético terrestre, escudo protector

La oportunidad que ha supuesto el alineamiento de planetas durante el paso de ráfagas de viento solar, ha permitido a los científicos comparar los efectos protectores del campo magnético terrestre con la desprotegida atmósfera de Marte.


Representación del efecto del viento solar sobre los tres planetas Venus Tierra y Marte. Las distancias no está a escala. La Tierra está protegida por el campo magnético. Crédito de la imagen: ESA.

El alineamiento tuvo lugar el 6 de enero de 2008. Haciendo uso del grupo de naves Cluster de la ESA y la misión Mars Express para proporcionar datos de la Tierra y de Marte respectivamente, los científicos han podido comparar la pérdida de oxígeno de las atmósferas de los dos planetas cuando eran alcanzadas por el mismo flujo de viento solar.
 
Los hallazgos muestran que a igual aumento de presión del viento solar, el incremento en la pérdida de oxígeno es diez veces mayor en Marte que en la Tierra.
 
Esta diferencia ha podido tener un tremendo impacto a lo largo de miles de millones de años que habría llevado a la pérdida de gran parte de la atmósfera marciana, explicando quizás, o al menos contribuyendo, a su frágil estado actual. Este resultado prueba la eficacia del campo magnético terrestre a la hora de deflectar el viento solar y proteger nuestra atmósfera.
 
El efecto escudo del campo magnético es conocido, asi como fácil de comprender y de simular en modelos informáticos, sin embargo, con la realización de estas mediciones se ha podido comprobar de forma empírica.
 
El siguiente paso será comprobar el mismo efecto en Venus, para ello la nave espacial Venus Express cuenta con un sensor para poder medir las pérdidas que se produzcan en su atmósfera. Los datos que se obtengan de Venus serán de gran importancia ya que al igual que Marte no cuenta con un campo magnético y aunque tiene un tamaño similar al de la Tierra, cuenta con una atmósfera mucho más espesa. Por lo tanto los datos que aporte ayudarán a poner en contexto los obtenidos de Marte y de la Tierra.
 
Durante los próximos meses se producirá un buen alineamiento entre el Sol, la Tierra Venus y Marte, por lo que se podrán analizar en conjunto los datos obtenidos por las naves Mars Express, Venus Express y el observatorio solar STEREO de la NASA. La misión Cluster continuará jugando un papel importante en el estudio, al tratarse de la única misión en el espacio cercano a la Tierra capaz de realizar tales mediciones.
 
De igual modo, los científicos esperan observar la forma en la que el incremento en la actividad solar asociada al actual ciclo solar, puede afectar a la pérdida de partículas atmosféricas en los tres planetas. 


Para saber más: ESA

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