Amigo lector,

Amigo lector,

Bienvenido a este blog dedicado a la Astronomía y a la Astrofotografía, dos de mis grandes pasiones. Aquí podrás encontrar las noticias más recientes relacionadas con la Astronomía , así como mis últimos trabajos en fotografía astronómica. Quiero dedicar esta bitácora a la memoria de Carl Sagan, gran científico y excelente divulgador. Gracias a él varias generaciones de lectores y telespectadores se interesaron por la Astronomía en todo el mundo, hizo asequible a todos los públicos los conocimientos de la época sobre el cosmos y transmitió su pasión por la ciencia y el respeto al método científico.

______________________________________________________________________________________________________Jesús Canive

lunes, 25 de junio de 2012

La sonda Voyager 1 en la última frontera


Después de 35 años de navegación y 18.000 millones de kilómetros recorridos en una misión sin precedentes, la sonda espacial Voyaguer 1 se aproxima a la última frontera de nuestro sistema solar.


Video de la NASA que muestra la posición de la Voyaguer 1

Cuando hablamos de frontera nos estamos refiriendo al límite de la heliosfera, una gran burbuja magnética que rodea al Sol y a sus planetas.  La heliosfera es el propio campo magnético del Sol inflado hasta un tamaño gigantesco por el viento solar.  Fuera de esta burbuja se halla el espacio interestelar, una región en la que nunca se ha adentrado una nave espacial, ni cualquier otra cosa creada por la raza humana.

Uno de los indicios que delatan la proximidad a esta última frontera es el aumento significativo de partículas de alta energía que impactan contra la sonda.  Estas partículas son principalmente protones y núcleos de helio acelerados hasta una velocidad próxima a la de la luz por lejanas supernovas y agujeros negros.  La heliosfera protege al sistema solar de estos proyectiles subatómicos.

Entre enero de 2009 y enero de 2012 ha habido un incremento gradual del 25% en la cantidad de estos rayos cósmicos que han alcanzado la Voyaguer 1.  Pero más recientemente se está observando un aumento aun más rápido.  A partir del 7 de mayo se ha producido un aumento del 5%, síntoma claro de que la soda espacial está muy cerca del límite del sistema solar, a unos 18.000 millones de km de la Tierra.

Los científicos esperan que cuando la nave supere esta frontera se puedan apreciar otros cambios como una desaparición casi completa de las partículas procedentes del Sol, o un cambio en la dirección del campo magnético en torno a la sonda.  Hasta la fecha no se ha producido ninguno de estos cambios, sin embargo todo indica que se producirán en breve.


Para saber más: Voyager


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martes, 19 de junio de 2012

Los dominios de Antares




La región de Antares y Rho Ophiuchi es, a mi gusto, una de las más bonitas del cielo de verano.  Hace tiempo que tenía ganas de fotografiarla, pero me lo han impedido varios factores, entre ellos, el hecho de que desde mi localización solamente lo tengo disponible durante algo más de una hora cada noche en esta época del año.  Finalmente, el pasado fin de semana he podido dedicarle dos noches, aunque la mitad de las tomas han tenido que ser descartadas debido a unas inoportunas nubes altas.

En la parte superior izquierda de la imagen, a pesar de los enormes halos, vemos a Antares, la estrella más brillante de Escorpio.  Se trata de una supergigante roja situada a tan sólo 550 años luz de nosotros. Para hacernos una idea de su descomunal tamaño, pensemos que su radio es tres veces la distancia entre la Tierra y el Sol, sin embargo su masa es de tan sólo 15 masas solares, lo que indica que está en su fase de expansión, próxima a estallar como supernova, cosa que sucederá en el próximo millón de años.

Debajo de Antares vemos a M4, un cúmulo globular situado a unos 7.200 años luz de nosotros.  Aunque esta distancia pueda parecer muy grande, en realidad M4 es, con toda probabilidad, el cúmulo globular más cercano a la Tierra de todos los que envuelven nuestra galaxia.  Se aleja de nosotros a la increíble velocidad de 250.000 km/h.

En la imagen se aprecian varias nebulosas de reflexión, en las que el polvo y el gas interestelar reflejan la luz de las estrellas que rodean.  También puede verse una enorme zona oscura con un tamaño de más de 100 años luz en la que la luz queda bloqueada en su viaje hacia nosotros por las densas zonas polvo y gas.

La imagen fue tomada con el telescopio Takahashi FSQ-106 y la CCD SBIG STL-11000, desde Sigüenza, Guadalajara, las noches del 15 y 16 de junio de 2012.  Las tomas han sido calibradas y procesadas con Pixinsight.


lunes, 4 de junio de 2012

James Cook y el tránsito de Venus

Los primeros registros de observaciones del tránsito de Venus fueron realizados por el astrónomo inglés Jeremiah Horrocks el 4 de diciembre de 1639. Horrocks pudo constatar que los tránsitos ocurrían de dos en dos separados por pocos años y que estos grupos de dos tránsitos estaban separados entre sí por algo más de un siglo.
A finales del siglo XVII, el astrónomo inglés Edmund Halley desarrolló un método para poder medir la distancia al Sol utilizando para ello mediciones precisas del tiempo que tardaba Venus en atravesar el disco solar y realizadas desde varios puntos de la superficie terrestre suficientemente separados.
James Cook
El tránsito de Venus más célebre fue el del 3 de junio de 1761 y pudo ser observado desde distintos puntos del planeta.  Una de dichas observaciones fue realizada por el entonces Teniente James Cook que navegó hasta Tahití junto al astrónomo Charles Green a bordo del HSM Endeavour. La isla había sido descubierta apenas un año antes y para llegar a ella había que navegar miles de millas de un mar apenas navegado y sin una cartografía de referencia fiable.
La Royal Academy financió este viaje ya que un siglo después de que Halley estableciera el método para calcular la distancia al Sol, aun no se disponía de los datos precisos que permitieran realizar dicho cálculo. Tener una idea, aunque fuera aproximada, de la distancia a nuestra estrella no era un tema menor, dado que a partir de dicha distancia podrían averiguarse el resto de distancias del sistema solar. La clave estaba pues en Venus. No se podía dejar pasar la oportunidad.

Llegaron a las costas de Tahití seis semanas antes del acontecimiento para poder prepararse para la observación de forma adecuada. Tuvieron tiempo incluso de construir un pequeño fuerte –hoy lo llamaríamos observatorio– para proteger el material de observación de la población indígena.
Cook y Green tuvieron serias dificultades a la hora de precisar las mediciones de tiempo del segundo y tercer contacto debido al efecto de “gota negra”.  Se trata de un efecto óptico que produce una macha negra que parece unir el borde del planeta con el borde del disco solar cuando ambos están muy próximos y que hace difícil precisar con exactitud el momento en el que coinciden. A pesar de esta dificultad las mediciones realizadas por Cook y Green diferían en tan solo 6 segundos.
Dibujos del tránsito de James Cook en los que se puede apreciar el efecto de gota negra.
Este viaje de observación tiene un significado especial para los australianos ya que tras haber completado con éxito las observaciones programadas, James Cook abrió las órdenes selladas del Almirantazgo Británico en las que se le ordenaba la búsqueda del desconocido continente austral.  No llegó a encontrar las míticas tierras pero en su búsqueda encontró Nueva Zelanda y Nueva Gales del Sur, reclamándolas para la corona británica.

HMS Endeavour.
El Endeavour atracó en Yakarta durante un periodo de 10 semanas para realizar reparaciones. En dicho puerto 7 marineros fallecieron de malaria. Alarmado, Cook abandono Yakarta tan pronto como le fue posible, pero el daño ya estaba hecho. Finalmente el número de fallecidos ascendió a 46, incluyendo al propio astrónomo Charles Green.

En julio de 1771 Cook regresa a Inglaterra a bordo del navio Deal. La tripulación superviviente del Endeavour regresaba por fin tras circumnanvegar el planeta en un viaje épico.
La expedición de Cook a menudo ha sido comparada con una misión espacial en la que se ponían a prueba las más recientes teorías científicas, utilizando para ello los instrumentos punteros del momento desplazándose a través de un medio hostil en una nave vulnerable y sin apenas referencias de navegación. La travesía del Endeavour recuerda mucho a las misiones Apolo.


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lunes, 28 de mayo de 2012

Cuanto más viejos, menos sabemos (Cosmológicamente hablando)

El universo es un lugar complejo y maravilloso, repleto de galaxias y de estructuras de mayor escala, que ha evolucionado durante los 13.700 millones de años que tiene su historia. Dichas estructuras comenzaron como pequeñas perturbaciones de la materia que crecieron con el tiempo como ondas en un estanque, a medida que el universo se expandía.  Observando las arrugas cósmicas de gran escala podemos saber de las condiciones tempranas del universo. Pero ¿Es este el mejor momento para observarlo o tendremos mejor información dentro de miles de millones de años en el futuro, o quizás las tuvimos en el pasado?

Los cálculos realizados por Abaham Loeb de la Universidad de Harvard, muestran que el momento ideal para estudiar el cosmos fue hace más de 13.000 millones de años, justo unos 500 millones de años después del Big Bang, Cuanto más nos desplacemos hacia el futuro desde ese momento, más información perderemos acerca del universo temprano.




El mejor momento para observar el cosmos viene definido por dos procesos antagónicos. En el joven universo el horizonte cósmico está más cercano por lo que se puede ver menos espacio. A medida que el universo envejece, se puede ver más de él porque ha habido más tiempo para que llegue la luz desde las regiones más lejanas. Sin embargo, en el universo más viejo y evolucionado, la materia colapsa formando objetos con sujeción gravitacional. Esto “enturbia las aguas” del estanque cósmico, ya que se pierde información de las condiciones iniciales de las pequeñas escalas. Los dos efectos son antagónicos, el primero mejora a medida que el segundo empeora.

Loeb, tras cuestionarse cuándo se dieron las condiciones óptimas para la observación, ha averiguado que este momento se dio 500 millones de años después del Big Bang.

Esta fue también la era en la que empezaron a formarse las primeras estrellas y las primeras galaxias. Esta coincidencia no es azarosa, ya que la información del universo temprano se pierde cuando se forman las primeras galaxias. El mejor momento para observar las perturbaciones cósmicas es justo cuando empiezan a formarse las primeras estrellas.

Pero no es demasiado tarde. Los observadores modernos todavía pueden acceder a esta era naciente investigando las emisiones de radio de 21 cm del hidrógeno de aquella época temprana.  A estas ondas de radio les ha llevado más de 13.000 millones de años llegar hasta nosotros, de manera que todavía podemos ver el aspecto que tenía entonces el universo.

La aceleración en la expansión de universo oscurece la imagen para los futuros cosmólogos. Dado que la expansión de universo se acelera, las galaxias se desplazarán más allá de nuestro horizonte. La luz que surja de esas galaxias lejanas nunca alcanzará la Tierra en el futuro. Además, la escala de las estructuras no sujetas gravitacionalmente está creciendo cada vez más.  Llegará un momento en que también sobrepasen el horizonte.  En algún momento entre 10 y 100 veces la edad del universo actual, los cosmólogos ya no podrán observarlas.

Esta investigación ha sido publicada en el Journal of Cosmology and Astroparticle Physics (JCAP) y está disponible online.


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martes, 22 de mayo de 2012

El tránsito de Venus

Desde la perspectiva de la Tierra, el próximo 5 de junio de 2012 Venus cruzará el disco solar, produciendo una silueta que nadie que pueda observarla ese día podrá volver a hacerlo ya que el próximo tránsito solar de Venus se producirá en el año 2117.
 
Tránsito de Venus de 2004. Crédito de la imágen: Frans Snik, Dutch Open Telescope, La Palma, Islas Canarias.


Los tránsitos de Venus son poco frecuentes, se producen en pares relativamente próximos entre sí y separados del siguiente par más de cien años. Este próximo tránsito está asociado al producido en 2004. Afortunadamente, a pesar de su rareza, este fenómeno puede ser observado en prácticamente  todo el planeta.
El tránsito tendrá una duración aproximada de 7 horas comenzando a las 22:09 (UT) del día 5 de junio. Dada la hora de inicio, la posición más favorable para su observación se sitúa en centro del Océano Pacífico. En el continente americano la mejor hora para observarlo será al atardecer, mientras que en Europa será al amanecer. En España se verá la fase final del fenómeno que podrá observarse a primera hora de la mañana en Baleares, Cataluña y parte de Aragón y Navarra.
ATENCION: Siempre que se observe el Sol es necesario el uso de filtros especiales para evitar importantes daños oculares. El uso de telescopios o prismáticos sin protección aumenta dichos daños.
Fue en el siglo 18 cuando se empezó a prestar atención a los tránsitos de Venus. En aquella época se desconocía por completo el tamaño del sistema solar. Se conocía la separación relativa entre planetas pero no se sabía la magnitud exacta de dichas distancias. El astrónomo Edmund Halley se dio cuenta de que si se observaba el tránsito de Venus desde dos lugares en la Tierra separados por una distancia considerable, sería posible triangular la distancia hasta Venus utilizando el sistema de paralaje.



Esta idea hizo que se organizaran expediciones por todo el mundo para ver dos tránsitos en la década de 1760. El propio James Cook participó de una de estas expediciones realizando observaciones desde Tahití. Algunos historiadores han denominado a este esfuerzo internacional como “El Programa Apolo del Siglo XVIII”.
Sin embargo los resultados no se ajustaron a las expectativas. Una combinación de mal tiempo, ópticas poco avanzadas y el aspecto nebuloso de la atmósfera de Venus que no permite que se defina bien su silueta, impidieron que se consiguieran los datos necesarios. Habría que esperar hasta la invención de la fotografía en el siglo siguiente para obtenerlos.
La tecnología de que disponemos en el Siglo XXI permitirá obtener datos y fotografías sin precedentes incluso por Astrónomos amateur.  La simple observación del fenómeno está al alcance de millones de personas que no necesitarán otra cosa que una protección adecuada.

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lunes, 21 de mayo de 2012

Acercamiento a Dione

Crédito de la imagen: Cassini Imaging Team, ISS, JPL, ESA, NASA 

En junio del pasado año la nave espacial Cassini realizó la que es hasta la fecha su mayor aproximación a Dione, uno de los satélites de Saturno.  De las impresionantes imágenes obtenidas puede destacarse esta que publica hoy la NASA como astrofotografía del día (APOD).  En ella podemos observar, además de la superficie de Dione, otros dos pequeños satélites, Epimeteo y Prometeo. La imagen fue tomada a 100.000 km de distancia.

Descubierta en 1684 por Giovanni Cassini, Dione tiene tan sólo 1100 km de diámetro y sus dos hemisferios muestran distintos grados de craterización.  Alguno de sus cráteres tiene hasta 100 km de diámetro. Recientemente se ha descubierto que Dione está expulsando chorros de partículas al espacio, lo cual indica cierta actividad geológica.

Epimeteo, con un radio de 115 km. comparte órbita con Jano, por su parte Prometeo tiene unas dimensiones de 148 x 100 x 68 km y su órbita se sitúa en el límite inferior del anillo F.


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domingo, 13 de mayo de 2012

Un tipo de supernova, dos orígenes distintos



La explosión estelar conocida como supernova de tipo Ia juega un importante papel a la hora de intentar medir el universo y ha sido utilizada en la búsqueda de la energía oscura.  El brillo de este tipo de supernovas tiene dos características,  por un lado es muy intenso por lo que pueden verse a grandes distancias y por otro lado este brillo es tan similar que se utiliza como patrón de referencia. El descubrimiento de la aceleración del universo mediante el uso de supernovas del tipo Ia recibió el Premio Novel de Física en 2011.  Sin embargo los astrónomos aún no saben qué tipo de estrellas producen las supernovas del tipo Ia.

Restos de una supernova observada por Tycho Brahe en 1572, de quien resibe su nombre. Crédito de la imágen: X-ray: NASA/CXC/Rutgers/K.Eriksen et al.; Optical: DSS

Existen dos modelos que explican el posible origen de este tipo de supernovas, cada uno de ellos apoyado por diferentes estudios. Los hallazgos más recientes muestran que ambos modelos son correctos. Alguna de estas supernovas se forma de una manera y otras se forman de otra distinta.  Los estudios previos ha dado resultados que entran en conflicto, pero este conflicto desaparece si se asume que existen dos tipos de explosiones.

Se sabe que las supernovas tipo Ia tienen su origen en las enanas blancas, el núcleo denso que queda tras la muerte de una estrella.  En uno de los modelos que explican el origen de las supernovas, la enana blanca obtiene materia de una estrella cercana, mediante su enorme tirón gravitatorio, hasta que su masa alcanza el punto en el que se inician las reacciones nucleares que producen su explosión.  En el otro modelo, la explosión la se produce tras la fusión de dos enanas blancas.  Mientras que en el primer modelo debe existir gas procedente de la estrella cercana a la enana blanca, en el segundo modelo no debe haber gas.

Un grupo de investigadores del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian han realizado un estudio en busca de trazas de gas en torno a supernovas de tipo Ia, que debería hallarse únicamente en los sistemas generados por una enana blanca más una estrella acompañante.  Los datos muestran que los sistemas con gas producen explosiones más grandes, sin embargo sólo una fracción de supernovas muestra evidencias de gas, el resto parecen proceder de sistemas de dos enanas blancas.

Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para las mediciones de la energía oscura y de la expansión de universo.  Si realmente hay dos mecanismos distintos que producen estas supernovas, los dos tipos deben ser considerados por separado a la hora de calcular las distancias y las tasas de expansión del universo.

Por otro lado estos hallazgos llevan a una interesante pregunta. Si existen dos mecanismos distintos que producen estas supernovas, ¿Porqué su brillo es tan homogéneo que puede ser utilizado como estándar de referencia? 

El artículo que describe la investigación será publicado  en la revista Astrophysical Journal y está disponible on-line


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jueves, 26 de abril de 2012

La edad del Universo

Steve Nerlich 

Es sabido que el universo tiene una edad de 13.700 millones de años. Esta cifra se ha obtenido a partir de los datos recogidos desde el año 2001 por la sonda WMAP (Wilkinson Microwave Anisotropy Probe) situada en el punto Lagrange 2.

Mapa del fondo cósmico de microondas obtenido por la sonda WMAP

Si revisamos la literatura que apoya la cifra de 13.700 millones de años, surge la siguiente afirmación. El cálculo de la edad del universo sólo es preciso, si los supuestos del modelo utilizado para calcularlo son también precisos.  Esto no es una salvedad insignificante todo este asunto. 

No me malinterpreten, 13.700 millones de años es, probablemente una cifra más o menos precisa, pero parece más que probable, que en los próximos cinco o diez años, a medida que lleguen nuevos datos del telescopio Planck, o quizás del Hubble o incluso nuevos análisis de los datos del ya retirado WMAP, pueda surgir algo nuevo que obligue a un reajuste del modelo general.

Dejando WMAP de lado por un momento, un cálculo aproximado de la edad del universo puede estar limitado por el hecho de estimar la edad de viejas estrellas.  Con este propósito, normalmente se observan cúmulos globulares en la Vía Láctea, en lo que se hallan probablemente las estrellas más antiguas de la galaxia. Se cree que todas las estrellas que forman parte del mismo cúmulo se formaron al mismo tiempo por lo que hay disponible una buena colección de fuentes de datos sobre de la luminosidad y la espectroscopia de esas estrellas. Resulta que los cúmulos más antiguos en la Vía Láctea, como M92, están compuestos de estrellas pequeñas y por lo tanto con una larga vida, con una masa de 0,7 masas solares cada una de ellas y en una etapa evolutiva que las sitúa con una edad entre 10.000 y 20.000 millones de años.

Cúmulo globular M92.

Se trata, sin embargo, de una estimación bastante aproximada con un amplio margen de error. Si estrechamos el cálculo podemos limitar esta estimación a valores entre 12.000 y 16.000 millones de años.  Por lo que 13.700 encaja perfectamente entre estos valores. Sin embargo lo que realmente queremos de las estimaciones de la edad de las estrellas es conseguir un límite inferior para la edad del universo, puesto que no puede ser más joven que las estrellas que contiene. Así, con esta lógica, el universo no puede ser menor de 10.000,  quizás 12.000 millones de años.

El valor de los datos de cúmulo globular se obtiene de objetos bastante próximos de la Vía Láctea y los cálculos subyacentes se basan en el diagrama de evolución estelar de Herzsprung-Russell, rico en datos y bastante fiable. Existen un montón de estrellas viejas en otros lugares en el universo, así como quásares y otros objetos antiguos, que están muy distantes, y que tienen potencialmente una edad mayor, precisamente por esa razón.

La erupción de rayos gamma GRB 090429B observada en abril de 2009, mantiene hasta la fecha el record del objeto observado más antiguo y lejano. Puede haber sido una supernova.  Fuera lo que fuese, se estima que ocurrió hace más de 13.000 millones de años.  Sin embargo cada vez que tratamos de calcular la edad de algo muy lejano, entran en juego un conjunto de supuestos sobre la densidad del universo, su curvatura o su ritmo de expansión que son los mismos supuestos que complican la estimación del WMAP.

La sonda WMAP creó un mapa del fondo cósmico de microondas (FCM) de todo el cielo con una resolución de 13 minutos de arco. A partir de ahí, es en gran medida una cuestión de utilizar el desplazamiento al rojo como una medida de distancia, ya que cuanto más ha viajado la luz, más viejo es el punto del que procede. El punto de origen del fondo cósmico de microondas se denomina superficie de la última dispersión.

Todo lo que podemos ver es posterior a la última dispersión.

Cuando el universo tenía alrededor de 380.000 años, se formaron los primeros átomos a partir del plasma, y de repente el universo se hizo transparente a la radiación, por lo que la luz podía atravesar largas distancias. Hasta entonces los fotones eran continuamente emitidos para luego ser reabsorbidos, de ahí su dispersión por el plasma. Esos primeros rayos de luz, el FCM, fueron emitidos pero no inmediatamente reabsorbidos. Por lo tanto, fuera lo que fuera lo último en emitirlos, presumiblemente un conjunto muy caliente de iones y electrones, supuso la superficie de la última dispersión.

En un universo en expansión, nos estamos alejando de esa superficie, de igual forma que nos alejamos de las galaxias distantes. Pero al ser un flash de luz sin precedentes y nunca repetido que fue emitido por todo el universo, el FCM sigue impregnando todo el universo, a diferencia del flash de luz emitido desde un único punto de origen, como una supernova. Así que a pesar de que realmente fue emitido desde una superficie y en un momento determinado en el tiempo, nunca se va a mover hacia adelante adelantándonos como un frente de onda, porque el mismo universo entero que una vez lo emitió, es el mismo universo en el que ahora vivimos.

De todos modos, conocemos bastante bien la temperatura de la última dispersión,  ya que podemos replicar los procesos de recombinación del plasma en un laboratorio. De este modo, el cambio de la temperatura inicial de 3000º K a la temperatura actual de 2,7º K del FCM, es el resultado de corrimiento al rojo, que nos da la distancia y por lo tanto el tiempo transcurrido desde que ocurrió la última dispersión.

El calendario de todos los acontecimientos que precedieron a la última dispersión se deriva en gran medida de experimentos del Acelerador de Partículas y de cálculos de la física cuántica que determinan las temperaturas y las densidades y, por tanto, todos los pasos y el marco de referencia temporal en el que el universo se hizo lo suficientemente grande y frío para liberar el FCM.

Por tanto, seguir adelante partiendo del FCM, es prácticamente seguir las ecuaciones de campo de Einstein. La sonda WMAP no sólo proporciona datos de temperatura, sino también datos acerca de la forma del universo ya que asigna un FCM a todo el firmamento. Por lo tanto, si alguna zona estuviera más caliente y, por tanto, más cerca que otra, sugeriría que el universo es curvo bien hacia afuera o bien hacia adentro. Pero no es así, por eso decimos que el universo es espacialmente plano. Y esto es clave para poder calcular una estimación de su edad, ya que un universo curvado hacia adentro o cerrado habría comenzado más recientemente, y un universo curvado hacia fuera o abierto habría comenzado hace más tiempo que nuestro aparentemente universo plano.

Así que, en resumen, sólo hay que medir la temperatura actual del fondo cósmico de microondas (FCM) ya que se puede ver cuánto se ha desplazado al rojo, o cuánto ha sido estirado por la expansión del universo. A continuación, sólo hay que utilizar las ecuaciones de campo de Einstein para calcular cómo  se ha expandido el universo para producir ese desplazamiento al rojo, porque una vez que podemos cuantificar la expansión, sabemos durante cuánto tiempo se ha producido la expansión. A continuación, bastará con agregar los 380.000 desde el Big Bang hasta la liberación del FCM y voilà obtendremos 13.700 millones de años, la edad del universo.

Pero una vez más, para obtener una estimación de la edad partiendo de una tasa de expansión, se necesita tener en cuenta los cambios en la densidad de energía y la curvatura de espacio-tiempo a lo largo de la evolución del universo y las cifras que tenemos al respecto se basan en asumir la homogeneidad del universo, la energía oscura y la, igualmente misteriosa,  inflación cósmica temprana, necesaria a su vez para explicar por qué el universo es homogéneo.

El hecho de que las diversas hipótesis actuales se apoyen mutuamente en favor de un determinado modelo cosmológico podría definirse como un caso de sesgo de selección, especialmente cuando ese modelo incluye cosas tan extrañas como la energía oscura.  Por tanto, 13.700 millones de años es tan solo una cifra aproximada.


Traducción de la transcripción del Podcast en 365 Days or Astronomy

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martes, 17 de abril de 2012

1000 días de maravillas en infrarojo

Con motivo de la celebración de los primeros 1000 días de funcionamiento de la cámara de infrarojos IRAC instalada en el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA, el programa ha publicado una galería con las 10 mejores imágenes en infrarojo obtenidas por IRAC. Este instrumento está proporcioando increibles imágenes que en muchos casos muestran estructuras y aspectos completamente nuevos de objetos muy conocidos. La banda de infrarojos detecta especialmente las zonas más calientes, donde se sitúa la mayor actividad en formación de nuevas estrellas.


La así llamada Nebulosa del Tornado es un objeto poco conocido, por lo que las imágenes obtenidas por este instrumento son especialmete valiosas. Se cree que este objeto es el resultado  de un chorro de material procedente de una estrella joven que genera ondas de choque en el polvo y gas que lo rodean. El color verde muestra hidrógeno molecular presionado por la onda de choque. Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech  / J. Bally (Universidad de Colorado).


La famosa Nebulosa de Orión se encuentra a 1340 años luz de la Tierra y es una zona muy activa en la creación de nuevas estrellas. A pesar de tratarse de un objeto muy conocido y fotografiado, las imágenes aportadas por IRAC aportan nueva información respecto a las zonas de formación estelar. Aunque la visión óptica de esta región está dominada principalmente por la luz de cuatro estrellas  masivas muy jóvenes, las imágenes de IRAC revelan otras muchas estrellas jóvenes rodeadas de su envultura de polvo y gas. Igualmente pueden apreciarse largos filamentos en los que se detecta una alta actividad en la creación de nuevas estrellas. En estos filamentos se pueden apreciar miles de protoestrellas. Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech / (Universidad de Toledo).





Tras una larga vida quemando su hidrógeno mediante fusión nuclear, las estrellas llegan a los últimos estadios de su vida que van a estar determinados por su masa.  En esta imagen apenas se aprecia la propia estrella en el centro, sin embargo  se muestra forma en la que las viejas estrellas proyectan su material a través del espacio que las rodea, creando lo que se conoce como una nebulosa planetaria. La Nebulosa de la Hélice se encuentra a 650 años luz de la Tierra en la constelación de Acuario. Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech / J. Hora (CfA) & W. Latter (NASA/Herschel).

El universo primitivo contenía únicamente hidrógeno y helio, no existía ningún otro elemento químico. El resto de los elementos químicos, incluidos los necesarios para la vida se crearon más tarde en los hornos nucleares de las estrellas y postriormente fueron expulsados al espacio al morir la estrella. IRAC estudia cómo maduran las estrellas.  La nebulosa Trífida está formada por estrellas en todas las etapas de la vida, rodeadas de gas y polvo. Se encuentra a 5.400 años luz de la Tierra en la constelación de Sagitario. Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech
Dentro de las galaxias, las enormes nubes de gas y polvo se funden bajo la presión de la gravedad hasta que nacen nuevas estrellas.  En esta nube gigante pueden verse varias guarderías estelares, algunas todavía dentro de las puntas de las polvorientas montañas de creación. Esta imagen muestra el borde oriental de una región conocida como W5, cerca de la constelación de Perseo a 7.000 años luz de distancia. Crédito Cúmulo de estrella DR22

Después de lazar lejos el material del que se formó, el joven cúmulo estelar que podemos ver en esta imágen emite vientos y fuertes radiaciones de luz ultravioleta que esculpen la nube de gas dándole formas fantásticas. Los astrónomos no están seguros de cuándo esa fuerte actividad del viento y la radiación suprimen la futura formación de estrellas, y cuándo la facilita a través de la compresión. El clúster, conocido como DR22, está en la Constelación del Cisne. Crédito de la imagen: NASA JPL-Caltech.

IRAC ha fotografiado sistemáticamente el disco completo de la Vía Láctea, después se ha compuesto una fotografía en infrarojo que contiene miles de millones de píxeles en un plano relativamente estrecho. Esta imagen muestra cinco tiras de extremo a extremo que abarcan el centro de nuestra galaxia. Esta imagen cubre únicamente un tercio del plano galáctico. Crédito de la imagen: NASA JPL-Caltech E. Churchwell (Universidad de Wisconsin).

Las colisiones galácticas desempeñan un papel importante en la evolución de las galaxias. Estas dos galaxias, la Galaxia del Remolino (M51) y su compañera, están relativamente cercanas a una distancia de sólo 23 millones de años luz de la Tierra. La cámara IRAC ve la galaxia principal muy roja debido al polvo caliente, un signo de formación estelar activa que probablemente fue provocado por la colisión de su cercana compañera.  En ocasiones se produce el efecto contrario y el choque galáctico provoca que el material del que se forman las estrellas se disperse por el espacio, impidiendo así su formación. Crédito e la imagen: NASA JPL-Caltech r. Kennicutt (Unividad de Arizona).

La formación de estrellas ayuda a conformar la estructura de las galaxias a través de ondas de choque, vientos estelares y radiación ultravioleta. En esta imagen de la Galaxia del Sombrero, se aprecia un disco de polvo caliente (rojo) causado por la formación de estrellas alrededor de la protuberancia central (azul) más fría. La Galaxia del Sombrero está situada a 28 millones de años, luz en la constelación de Virgo. Crédito de la imagen: NASA JPL-Caltech r. Kennicutt (Univ. de Arizona).

Los numerosos puntos de luz que se aprecian en esta imagen no son estrellas sino galaxias completas. Algunas de ellas, como la galaxia con la forma de un pequeño renacuajo que se puede apreciar en la zona superior derecha, se encuentran a sólo unos cientos de millones de años luz de distancia por lo que pueden percibirse sus formas. Las más lejanas, sin embargo, solo se aprecian como puntos de luz. Su luz la vemos tal como era hace más de diez mil millones de años, cuando el universo era aun muy joven.  Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech / SWIRE Team.


domingo, 15 de abril de 2012

Las Auroras de Urano vistas desde la Tierra


Por primera vez se han obtenido imágenes de auroras en Urano que suponen una prueba más de lo peculiar que es este lejano planeta. Este fenómeno ha podido ser detectado realizando observaciones cuidadosamente planificadas utilizando el telescopio espacial Hubble.

Auroras sobre Urano. Crédito de la imagen: Laurent Lamy
 
Las auroras son un fenómeno que se produce en la magnetosfera, que es  la zona que rodea a un planeta y que está controlada por su campo magnético y modelada por el viento solar, un flujo continuo de partículas cargadas procedentes del Sol.  Las auroras se producen en la atmósfera cuando las partículas de viento solar son aceleradas por la magnetosfera y guiadas por el campo magnético cerca de los polos.

Estas imágenes son especialmente valiosas ya que apenas se tienen datos sobre la magnetosfera de Urano.  Las auroras en Urano son más débiles que en la Tierra y el planeta se encuentra a más de 4.000 millones de kilómetros. Nunca se habian obtenido buenos resultados en observaciones realizadas desde la Tierra. La última vez que se obtuvo una imagen de aurora sobre Urano fue hace 25 años cuando la nave espacial Voyager 2 pasó cerca del planeta.

Los científicos planetarios saben que Urano es un planeta especial dentro del sistema solar en cuando a la orientación de su eje de rotación. Mientras que los otros planetas se comportan como peonzas que giran y orbitan alrededor del Sol, Urano se comporta coma una peonza que se ha caído de lado pero aún sigue girando.

Los investigadores sospechan que el aspecto desconocido de las auroras observadas es debido a la rareza de su rotación y a los rasgos peculiares de su eje magnético. El eje magnético está desplazado y forma un ángulo de 60 grados con respecto al eje de rotación. Una inclinación extrema en comparación con los 11 grados que tiene el de la Tierra. Los científicos creen que el campo de magnético de Urano podría estar generado por un océano salado en el interior del planeta, que sería la cause de la excentricidad del eje magnético.

Las auroras observadas difieren no sólo respecto a las auroras de la Tierra, sino que también difieren de las observadas en el propio Urano por la nave Voyager 2. Cuando la nave hizo su sobrevuelo hace décadas, Urano estaba cerca de su solsticio. Su eje de rotación apuntaba hacia el Sol. En esa configuración, el eje magnético se queda en un gran ángulo respecto al flujo del viento solar, produciendo una magnetosfera similar a la magnetosfera terrestre, aunque más dinámica. En esas condiciones de solsticio de 1986, las auroras duraron más que las recientemente observadas  y principalmente fueron vistas en el lado nocturno del planeta. Sin embargo el Hubble no puede ver la cara oculta del planeta,  por lo que los investigadores no saben qué tipos de auroras, si las hubiere, se generaron allí.

El nuevo conjunto de observaciones, sin embargo, corresponden a cuando el planeta estaba cerca de equinoccio, cuando ninguno de los dos extremos del eje de rotación apuntan hacia el Sol, y  el eje se alinea casi perpendicular a la corriente de viento solar. Debido a la inclinación del eje magnético del planeta, la rotación diaria de Urano durante el período del equinoccio causa que cada uno de sus polos apunte hacia el Sol una vez al día lo que hace que el tipo de auroras sean probablemente muy distintas de las observadas durante el solsticio. 


Para saber más:  American Geophysical Union

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